Desde que tengo uso de razón, siempre me ha maravillado la belleza de un amanecer, así como de cualquier puesta de sol. Cuando era niño, me quedaba quieto por largos períodos de tiempo, contemplando los matices y colores graduales impresos en este inmenso lienzo llamado cielo. A veces, hasta lloraba de asombro y de alegría, por ver espectáculos tan memorables. Ha sido increíble sentir como cada vez, mi corazón se expandía y, por momentos, hacía olvidarme de lo que me rodeaba, para estar solo, presente y disfrutando de un espectáculo inolvidable.
Si bien existe una explicación científica y lógica de por qué y cómo se manifiestan estos efectos visuales en nuestro cielo, no puedo dejar de considerarlos un regalo divino y un recordatorio de quiénes somos y de dónde venimos. Representan una oportunidad constante para recordarnos nuestra verdadera esencia y naturaleza divina. Suelen ser una manera fácil de entrar en estado de meditación y reconectarse; sin duda alguna, una posibilidad de elevar nuestra vibración.
Mirando al horizonte, contemplando una de estas manifestaciones, solía encontrarme una y otra vez, divagando entre diferentes escenarios y visualizaciones. A veces me imaginaba parado en diferentes zonas de la ciudad, tratando de definir qué tan diferente podría ser la vista dependiendo en qué colonia o municipio estaría parado… ¿cuánto puede cambiar la vista panorámica si se ve desde otro ángulo y perspectiva? Otras veces, trataba de visualizar a todas las personas que podrían estar conectadas en ese momento específico, todos admirando la misma composición del cielo. Si ampliamos esta idea más allá de una comunidad específica y nos movemos a través de una línea imaginaria, paralela al horizonte del amanecer, ¿cuántos espectáculos llamativos diferentes y únicos podríamos apreciar? Podríamos visualizar moviéndonos de una ciudad, a una carretera, a un desierto o bosque, o a un pequeño pueblo… y podríamos seguir hasta llegar al océano, y en algún momento, a otro pedazo de tierra. Con esta perspectiva en mente, ¿cuántos más de nosotros podríamos estar interconectados por el mismo amanecer extendido a lo largo del planeta?









Si continuamos con esta proyección, a ambos lados del horizonte, terminaremos alcanzando los extremos superior e inferior del amanecer. Aunque estos puntos pueden variar según la estación, creo que siempre hay un lugar en la Tierra con un milagro extendido en el cielo, donde el amanecer se mezcla con el atardecer, que hace difícil el poder distinguirlos. ¿Qué clase de espectáculo podría ser ese? Lo más cerca que he estado de una experiencia similar fue hace algunas décadas, cuando fui a visitar a Paula, una querida amiga de Finlandia. Fue durante un verano nórdico en ‘Vaasa’, muy al norte del país, donde los días son muy largos y las noches existen solo por un par de horas, en esa época del año. Un día a la medianoche, decidimos experimentar la tradicional sauna finlandesa en su hermoso ‘cottage’ familiar. Todo comenzó entrando al sauna, completamente desnudo. Al verter agua sobre las piedras calientes, se transformaba inmediatamente en vapor, el cual emanaba con fuerza saturando el espacio y aumentando considerablemente la temperatura de la habitación. Respirar se volvía un poco difícil, pero trataba de tranquilizarme recordando que dicho proceso es algo saludable para el cuerpo y la mente. Cada vez que no podíamos soportarlo más, abríamos la puerta y empezábamos a correr hacia el océano. Por el contraste de temperatura, nuestros cuerpos iban dejando rastros de vapor a lo largo de la vereda, hasta que al final, nos sumergíamos en el agua del océano, que aún tenía algo de hielo flotando sobre ella. Inesperadamente, mis ojos fueron cautivados por una bóveda celeste con una mezcla de colores lavanda y palo de rosa, con un sol dorado reflejando algunas tonalidades iridiscentes sobre las nubes. Como si no fuera suficiente, el escenario se replicaba por el vasto e interminable océano; su superficie estaba tan quieta que podía reflejar el cielo en perfecta armonía. Era como si el tiempo se hubiera detenido por completo y un sentimiento de contención nos abrazara en ese espacio surrealista… Fue más que impresionante, y sin duda alguna, inolvidable. Nadie podía definir si era el atardecer o el amanecer, pero todos nos quedamos suspendidos, quietos y en silencio, agradecidos por experimentar tanta belleza… un innegable regalo maravilloso.
Recientemente, encontré un libro muy interesante llamado “Introducción a la cultura visual” escrito por Nicholas Mirzoeff. En su introducción, habla de una famosa fotografía llamada THE BLUE MARBLE, tomada en 1972 por la NASA. Esta se considera la primera fotografía que retrata una imagen completa de nuestro hermoso planeta Tierra. En el momento en que se publicó, causó un gran impacto y asombro en todo el mundo. Imagínense que están viendo esta imagen por primera vez y traten de comprender lo que sucede dentro de esa pequeña canica azul. ¿Cuánta información podríamos percibir desde tan lejos? Tal vez nuestros problemas y cuestionamientos parezcan sin sentido; con suerte, podría hacernos reconsiderar nuestras creencias y limitaciones, como el concepto de países y/o religiones; y tal vez, solo tal vez, finalmente podamos comprender cómo todos somos parte de algo más grande que va más allá de nosotros y nuestras propias historias. Con esta canica azul en mente, volvamos a nuestra proyección del amanecer y expandámosla hasta el final. Imaginen un anillo completo donde el amanecer para unos se convierte en el atardecer para otros, el mismo espectáculo observado desde dos perspectivas diferentes.
La gente tiende a ver los amaneceres y atardeceres de una manera diferente. La razón principal es que uno recibe el día y el otro nos introduce a la noche. Un amanecer a menudo simboliza esperanza, nuevos comienzos y un sinfín de posibilidades; en contraste con los atardeceres, que suelen relacionarse con algo que termina, emociones melancólicas y tristeza. Al visualizar este asombroso anillo que contiene nuestro planeta, en constante rotación, tocando cada lugar de este mundo dos veces al día, me vienen muchos pensamientos y sentimientos a la mente. En primer lugar, qué asombroso es considerar la cantidad de corazones y almas que pueden conectarse simultáneamente a través de él. En segundo lugar, es importante entender que es un proceso interminable, que no hace diferenciación de nacionalidad, clase social, género, ideología, edad, etc… es un regalo entregado, concedido y a disposición de todos en este planeta. Y tercero, ojalá esta proyección pueda ser una confirmación de que todo en esta vida está en constante transformación; donde una puesta de sol puede verse como una promesa de un próximo amanecer, así como cualquier amanecer puede pronosticar un nuevo atardecer.

Más allá de esta comprensión y de todas las diferentes proyecciones consideradas, debo admitir que cada vez que tengo la oportunidad de contemplar un amanecer o un atardecer, tiendo a sentir como si el cielo o el universo hubieran orquestado ese increíble espectáculo solo para mí. Me hace sentir especial, amado y abrazado. ¿Alguna vez has experimentado una sensación similar?
Espero que cada amanecer y atardecer sea una excusa para hacer una pausa en tu vida, para que puedas admirarlos, respirar profundo, detenerte por un momento y reconectar con tu verdadera esencia; Con suerte, te ayudará a recordar lo especial y único que eres, y abrazar tu conexión con toda la humanidad. ¿Tienes algún recuerdo especial relacionado con un amanecer o atardecer que te gustaría compartir?
Referencias: INTRODUCCIÓN A LA CULTURA VISUAL, por Nicholas Mirzoeff Editorial Routledge, 2000. ISBN-10 : 0415158761 ISBN-13 : 978-0415158763
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5 Responses
Hace muchos años me encontraba adentro de un temazcal, y la persona que lo dirigía nos hizo la siguiente pregunta: -“¿Cuándo fue la última vez que viste un amanecer?”-, yo le respondí: -“Hoy, todos los días amanece”-. Él rió bastante con mi respuesta, sin embargo los dos sabíamos a qué se refería: -“¿Cuándo fue la última vez que le prestaste atención a un amanecer?”-… yo no lo recordaba. Gracias Ítar por este viaje al centro de mi imaginación, porque aunque son las 2:07 pm acá en Puebla, acabas de hacerme ver el amanecer.
Te amo
Desde el amor… Sol
Gracias Infinitas por el amor impregnado en cada una de tus palabras. Te abrazo y llevo siempre en mi corazón. ¡¡Luz en abundancia hoy y siempre!!!
Que reconfortante y maravilloso fue el leer todas tus reflexiones. Para mi fue un viaje increíble a mis memorias y a sentirlas nuevamente, ademas de hacerme sentir con mucha paz en mi interior 🙏🏻🙏🏻 Te adoro !!
Te llevo siempre en mi corazón. Gracias por tus hermosas palabras y apoyo incondicional en todos estos años. Besos y abrazos…
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